MVLL y las Corridas de Toros

Ay, otra vez MVLL metiendo su cuchara. En todo mete la cuchara, especialmente en aquellas materias de polémica. Uno pensaría que siendo ya bastante madurito y encima con un nóbel a cuestas, sería mas discreto, que tendría mas tacto, que evitaría estar en el ojo del huracán. Pero ahí está Mario, agobiando la modestia, buscando siempre el limelight.

Yo tengo una hipótesis que probablemente sea falsa y es que MVLL existe en dos vertientes: una antes y otra despues de su derrota electoral. Traumatizado y dolido luego de que Fujimori le arrebatara una presidencia que creía ya suya MVLL empezó su cruzada idealista. Levantando banderas de la democracia, la modernidad y las libertades se lanzaba como un quijote a luchar contra supuestos molinos de viento que a él se le apetecen gigantes malvados. Como cuando se fue a Iraq apenas terminada la invasion de aquel país por “las democracias occidentales” -léase USA y sus pajes- para terminar escribiendo aquel bodrio denominado “el diario de Iraq.”

Cómo alguien puede ser tan despistado y al mismo tiempo tan necesitado de atencion mediática? Ese es el MVLL post derrota electoral. El otro, el que nos dió La Ciudad y los Perros ya no está, nos dejó, y nos dejó solo a este, al del mamarrachiento Las Travesuras de la Niña Mala.

Era necesario que MVLL firmase aquella dichosa carta de apoyo a las corridas de toros? Que las corridas de toros sean una tradición no le quita que sea una de esas tradiciones que es mejor dejar atrás. Como la de la caza del zorro en Inglaterra, donde por puro placer se aterroriza y tortura un pobre animalito durante horas. De hecho, MVLL mencionó esa práctica como un deflector de las críticas que reciben las corridas. Esto fue hace unos años y en su nota MVLL aun no defendia a pleno la tauromaquia pero si venia con el sambenito idiota de que es una tradicion cultural, que sin las corridas no hubieramos tenido las novelas de Hemingway ni los cuadros de Goya. Haciendo un paralelo idiota se podria decir que el genocidio de judios, gitanos y eslavos en la WWII valió la pena porque de otra manera no se habría podido filmar  Schlinder´s List. ¿Por qué, se preguntaba Mario, por qué se critica a las corridas pero se acepta la caza del zorro y la pesca deportiva cuando los pescados sufren muertes agobiantes fuera del agua? Con argumentos tontos y tangenciales trataba de defender las corridas aparentando tener una posición puramente intelectual y cultural. Ahora que firmó la cartita de apoyo, sabemos que ya tenía su corazoncito vestido con ropa de maricón (esa que usan los toreros).

Todos los que comemos carne somos pasibles de crítica cuando decimos que las corridas de toros deberían ser abolidas. Que si es cierto que en los camales los toros sufren mas? Es posible. Pero el hecho es que hacer del sufrimiento un espectáculo, hacer de la vision de la tortura un placer, tiene en sí un carácter enfermizo que va en contra de los valores elementales que subyacen las cacareadas libertades, modernidad y democracia que tanto dice defender MVLL.

Estoy convencido que la mayoría de amantes de las corridas aman a los perros, estos dos amores van casi de la mano. Aceptarían ellos que se hiciera un espectaculo cultural con corridas de perros? Como lo puso un muchacho en facebook, si los toros pudieran gemir como los perros podríamos soportar el espectáculo? Habría alguno de esos amantes de la sangre derramada en shows de huachafería al ciento por ciento que pudiera soportarlo? Porque digamos tambien, eso de dársela de español durante las corridas y hablar de “la madre patria” es una huachafada total. 

En mal momento viene el apoyo de MVLL a las corridas de toros. Habría que enrostrarle la frase de aquel chapetón indigesto y cazaelefantes para hacerle entender que tal vez es mejor no meterse a opinar de todo, porque como dice el dicho, el que tiene boca se equivoca.

Mario, ¿por qué no te callas?

 

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La Pirotecnia, esa Mierda Legalizada

No entiendo por qué el gobierno papanatas que tenemos, que en eso ha sido igual que todos los anteriores no prohibe de una buena vez por todas la pirotecnia, a.k.a. “fuegos artificiales” cuando deberían ser conocidos como “explosivos recreativos”, que en realidad son una mierda en todo sentido.

No solo hacen un ruido infernal, sino que llenan el aire de apestosos gases toxicos. Espantan a la fauna silvestre además de aterrorizar a perros, gatos, pajaritos, y otras mascotas como bebitos y abuelitas. Es la peor tortura para los enfermos de hospitales y asilos. Para no mencionar la tira de quemados, mutilados, muertos, incendios y mil desastres mas que ocasionan esas cojudeces que no se por qué se siguen vendiendo en este país donde parece que gobernar está fuera de la capacidad y competencia de los peruanos. Porque no se necesita tener mucha inteligencia para saber que esos productos deben ser eliminados del mercado.

No tiene ningun sentido reventar tanta plata en ruidos irritantes que además, con el “crecimiento” del que tanto cacarean algunos politicuchos la gente tiene mas plata para gastar en esas porquerías, de manera que la salva de reventonazos dura toda la noche de navidad y peor en año nuevo. Seguro que como siempre, como cultura subalterna que somos, habrá que esperar a que alguna nación “desarrollada” los prohiba para que nuestros hábiles hombres de leyes e ilustres gobernantes despierten a una realidad tan obvia y copien leyes prohibiendo su uso.

 

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Arte Pop del Perú Achoraféculas y lo Huachafo

Se ve en todas partes en el Perú. Es chillón y on-your-face, no tiene verguenza y vende como michi. El gráfico pop peruano del nuevo milenio. La cultura chicha, lo mas achoraféculas, levanta sus banderas y se impone en el país. Hay un artista que se llama Elliot Túpac, que tiene unos diseños bacanes estampados en polos como el de mas abajo, modelado por una modelo gamarrera. El afiche es de tonos  conciertos  que encontre en Chilca, tierra de higos, pescado fresco y playas y centrales termoelectricas que hacen las delicias de grandes y chicos.

Aunque muchos dicen que se trata de un tema huachafo, la verdad es que la huachaferia no existe, es una etiqueta inventada para sentirse superior a otro. Vargas Llosa se metio un floro bravo sobre la huachaferia hace una decada, diciendo que era una cosa exclusivamente peruana pero para variar, estaba mas perdido que Ciro en el Bomboya de Rosario o que Martha Hildebrandt cuando las papas queman el sexo, porque huachaferia hay en todas partes y el mismo MVLL tiene mucho de huachafo en su narrativa, sin quitarle lo que tenga de calidad.  Bienvenida la estetica chicha achorafeculas y ahora mismo me voy a buscar un polo buenazo con la cara del che pero en version cholifacia.

 

 

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Fortaleza Brest: Película de Guerra a la Rusa

En ruso se dice Brestskaya krepost. Que tal peliculón del director Alexander Kot. El tocatoca de DVD no tenía control remoto así que la vi en ruso sin subtítulos, o sea que lo único que entendí fue !davai! !davai! y nada más.  Pero aún así me la vi todita. Estéticamente hablando es una joya. La textura, los colores, las pausas y la acción tienen una cualidad de intenso realismo y al mismo tiempo parece que uno soñara. Por qué los americanos no aprenden a hacer cine como este? En sus películas hasta las explosiones parecen ser de plástico, postizas. Con los millones que se tiran en sus mamarrachos holywudenses podrían hacer maravillas, pero parece que eso es pedirle peras al plátano, me figuro.

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Alarmas de Autos y Bocinazos: Infierno Sónico en Lima

Es increíble, inaceptable, insoportable. Los peruanos -los limeños- se han vuelto inmunes al ruido. Pareciera que vivir en la estridencia de bocinas y alarmas de autos es parte esencial del alma peruana. Qué chongo! Un imbécil cerca a mi casa, en pleno Olivar de San Isidro, lanza su alarma de campo de concentración a cualquier hora de la noche, infaltable los sábados y domingos a las 5, 6 de la mañana, cuando se supone que uno puede gozar de la quietud mínima que se puede obtener en esta ciudad de tráfago incesante.

Nadie se queja, nadie reclama. Creo que todos mis vecinos tienen auto y creo que todos tienen esas monstruosas alarmas continuas (léase infinitas) que empiezan con chillidos de nave espacial siguiendo con aullidos de vehículo policial, ambulancia y toda el cromatismo de ruidos que uno pueda imaginar. Por supuesto que los propietarios de esos vehículos -que muchas veces son carcochas que valen menos que las alarmas- no salen ni a fijarse por la ventana a verificar que su carro no está siendo desmantelado por los rateros. No hubiera esperado que el fofo ex presidente -Parlancho Carisma- hubiera hecho algo al respecto pero tuve la leve esperanza de que la alcaldesa  Susana Villarán por lo menos captara el problema. Ni lo uno ni lo otro. Estamos desamparados frente a los terroristas de la bulla gratuita.

Creo que mi perorata es inútil, que los peruanos ya son insensibles al estrépito 24 horas al dia y 7 dias de la semana. Pero igual, dejo aquí constancia de mi hartazgo.

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No a las Playas Privadas

Las playas, de acuerdo a la legislación del Perú, son espacios públicos hasta 200 metros de la orilla. Sin embargo, como en este país el que tiene plata hace lo que le da la gana, los pitucos se han apropiado de las mejores playas del Perú, cerrándolas con muros, garitas y guardias armados. Qué tal concha. Hace años íbamos a las playas de Asia (nunca fue “eisha”) y solo habían cuatro o cinco campamentos de familias que iban a pescar. Ir desde Lima era como un viaje a la luna. Las playas eran públicas, accesibles y limpias. Hasta que un día a alguien se le ocurrió que los “cholos y la chamuchina” no debía usar las mismas playas que “la gente decente”  y decidieron apoderarse de la playa y cerrarla.

Hoy para ir a una playa pública en el sur de Lima hay que apiñarse en Leon Dormido, Cerro Azul y un par mas. Los atorrantes han cerrado playas por todos lados, haciendo uso exclusivo de recursos que nos pertenecen a todos. En las pocas playas públicas que quedan meten granjas de pollos y aves, negocio demás sucio. Que no jodan. Las playas son de todos.

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La Textura de la Violencia: los Cuentos de Paloma Valencia

Paloma Valencia Laserna es la culpable de la existencia del libro de cuentos Otras Culpas, del cual comenté un relato en un post anterior. Lo que se quedó en el tintero fue una conversación que nos ocupó una tarde de café miraflorino, en la alocada Lima de comienzos del siglo 21 y algunos comentarios sobre su narrativa.

Durante la presentación Paloma había hablado de como había querido aderezar su narrativa para representar, sin ser repetitiva, el caos político que durante tanto tiempo ha asolado a la nación colombiana. También buscaba una manera suya y que hablara a la vez de lo trágico y brutal, aquello que llena titulares pero también de su reverberar en los hechos cotidianos. La Valencia discurría sobre el tema y su discurso interesante y fluido  tocó una nota alta cuando levantó una mano y frotó sus dedos como quien siente una seda. “La textura de la violencia, eso es lo que trato de retratar en mis relatos“. La textura de la violencia. Nunca yo podría haber combinado tales conceptos, textura y violencia. Tenía que leer esos cuentos.

Antes de entrar al cuento, la conversación del café, que se llama convenientemente Zeta, porque zeta se refiere a final y esa fue la última vez que hablé con Paloma, que al día siguiente retornaba a Colombia.  Como yo, la Valencia ha vivido en un pais anglo parlante y advierte las potencialidades y limitaciones del castellano de una manera que no lo puede hacer quien solo ha nadado en aguas cervantinas. La locura del tráfico limeño, al cual, luego de 6 meses en Lima todavia no me acostumbro, le parecía a ella cosa fácil. “Si vieras como toreo los carros en Colombia te quedas loco”. No quise saber. Aquella noche terminamos yendo a la Feria del Libro 2011, donde Paloma firmó copias de su libro de relatos.

A los cuentos. Sorprende mucho la madurez de los relatos de esta mujer joven cuando refiere con una familiaridad casi íntima la violencia de los guerreros. Uno se pregunta como puede narrar con ese conocimiento que solo se obtiene desde adentro, desde la experiencia de haber vivido algo tan terrible e intenso como es la guerra. En ese sentido trae a la mente The Red Badge of Courage, aquella novelette memorable que Stephen Crane escribió cuando tenia solo 21 o 22 años. Los críticos no podían creer que alguien tan joven, que habia nacido antes de la Guerra Civil americana pudiera tener un entendimiento tan intimo de los affaires bélicos, del lenguaje, de las emociones. Lo mismo pasa con Paloma. Su relato El Pecado, que para mí ha de ser el mejor junto con El Moral, Las Tres Mariposas y El Fantasma de Ivan, eriza los pelos de la nuca por su realismo y su poética brutalidad. El cinismo descarado de los guerreros sazonados en batalla brilla en fraseos geniales. “Ni Dios ni los brazos detienen las balas” piensa Arley, el protagonista, al acribillar a sus víctimas, quienes rezan  y levantan sus brazos en dirección a su fusil ejecutor. Cuando Arley asesina a una mujer a quien se atribuye poderes de bruja esta le pide que le deje primero quitarse la cusma, para no mancharla de sangre. Inevitable pensar en los mecánicos formalismos de las ejecuciones brillantemente retratadas en Cien Años de Soledad. Y como reverberaciones de la expresión acuñada por la escritora, la textura de la violencia, nos encontramos con frases en las que el horror y la poesia encuentran una extraña y hermosa y terrible armonía. Valencia describe la emoción del hombre que acaba de masacrar a sus congéneres a tiros como que lo invade “un bienestar degenerado y salvaje.

Hay de Stephen Crane también en el realismo y el impresionismo del lenguaje. Cuando Arley balea a otro guerrero que ha perdido el control de sus emociones ante tanta sangre   la Valencia nos dice que “de un solo tiro derribó el delirio que salió carmesí. El delirio tiene color, el color es el de la sangre. El impresionismo del lenguaje de la Valencia va mas allá de los colores sino que también los sonidos y los olores y las emociones son parte de su paleta.  En el cuento Las Tres Mariposas, un atenazante recuento de un secuestro de la vida real, el horror de la situacion contrasta con la calidad líquida de las cosas del relato, que empieza con imágenes del hombre cadaver disolviendose en sangre que se disuelve en riachuelo, el costado de su cuerpo se funde con la orilla y la corriente tiene un “sonido fresco.” En el transcurso del cuento la Valencia habla de “el sabor del aire” y el cuento termina como empieza, en una continuidad reminiscente de la continua impermanencia de los cuerpos de agua.

Los cuentos de Paloma, como el nombrado arriba, tienen también la cualidad de detener el tiempo. Un evento puede tomar varias páginas y aunque parece que el tiempo se detiene en realidad el hilo narrativo avanza hacia su final ineludible. Rara virtud que es una de las menos fáciles de perfeccionar. “Hazlos reir, hazlos llorar, hazlos esperar” es el secreto para una buena historia. Hacer esperar, desarrollar un suspenso que al tiempo parece estatico y dinamico es una de las cualidades que mas me ha impresionado -que mas he disfrutado- en estos cuentos.

En otros relatos, como el Fantasma de Ivan, la violencia y el horror son aplazados y aunque el lector imagina o presiente el final, aun así este viene como un golpe en el rostro, una cachetada. Tan violenta como la inesperada cachetada, fisicamente debil, pero emocionalmente ciclónica que la abuela le da a Isabel cuando se entera que esta ha hecho algo tan aparentemente inocuo e intrascendente como botar el trapeador con que la vieja trata de aferrar para siempre el recuerdo del nieto muerto. Esa cachetada me agarró desprevenido y me pareció mas violenta que cualquier balazo de alguno otro de los relatos.

Podría agotar otros párrafos descubriendo los minuciosos recovecos de la trama de esta narrativa, de su violencia texturosa y de formas impensadas. Pero tengo que trabajar, comer y dormir.  Esa tarea -que aseguro será deliciosa- se la dejo al lector.

 

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