Un Alquimista en el Caribe

Imagen cortesia de MAF

Un Alquimista en el Caribe es el titulo de mi cuento que obtuvo el tercer lugar en la Bienal de Cuento COPE 2010. El tema es… complicado explicar en un par de trazos, pero algo tiene que ver con Jose Arcadio Buendía. el personaje de Cien Años de Soledad, mas no directamente sino con un tipo llamado Hortensio Marulanda quien sirve como inspiracion a Gabriel Garcia Marquez para crear su personaje. Aunque es muy largo para incluirlo como un post aqui, dejo un fragmento….

En la trama de Cien Años de Soledad es José Arcadio Buendía -el patriarca de fortaleza física imposible y visionaria terquedad- quien se propone obtener el daguerrotipo de Dios. Pragmático hasta el escepticismo, Buendía dispone su cámara fotográfica en distintos lugares de su casa, con el fin de lograr una prueba irrebatible de la existencia del Creador. Cuando la imagen de Dios no aparece en sus placas, José Arcadio concluye que este no existe, y trata de convencer a los habitantes de Macondo de desterrar para siempre la creencia en el ser supremo, por tratarse de una mera superchería. Melquíades, benefactor del pueblo, un Prometeo gitano “de barba montaraz y manos de gorrión”[1], lo convence de que aquella conclusión es insensata y le da en trueque un sextante y un astrolabio, a cambio del aparato fotográfico.  José Arcadio Buendía abandona –sin pensarlo dos veces- la daguerrotipia y se entrega con la misma pasión furiosa a determinar la esfericidad de la tierra, mediante observaciones astronómicas.

El tema no se vuelve a mencionar en la novela, pero me consta que el asunto también fascinaba a García Márquez. De hecho, durante nuestra entrevista, me confesó que había considerado extender aquel capítulo de su libro para detallar los pormenores de la delirante empresa. Las complicaciones que presentaba aquella ambulación hubieran significado un desvío innecesario de la trama original de la obra. Presionado por la necesidad de terminar el manuscrito –se había endeudado para escribir la novela – el escritor podó del trabajo varias secciones, condensándolo finalmente a las cuatrocientas noventa y dos páginas que entregó a Editorial Sudamericana.

Como ya he mencionado en las primeras líneas de mi relato –y como me lo corroboró el mismo García Márquez- Cien Años de Soledad no es un trabajo de ficción. No sorprenda entonces que el personaje de José Arcadio Buendía haya sido inspirado por un hombre de carne y hueso. Ese hombre, Hortensio Marulanda Felipe, un colombiano de esos como hechos de tabaco y ron, empedernido investigador de conocimientos olvidados, se empeñó en la obtención de una fotografía de Dios durante los sesenta y nueve años que duró su alucinante existencia. García Márquez lo conoció en la calidez de las playas de Santa Marta, donde Marulanda había construido una cruda cabaña con tablas varadas por las olas y protegido con una techumbre de hojas de palmera. Luego de recorrer toda Colombia buscando un lugar con la radiación solar adecuada para sus fines, Marulanda decidió que la densa luz de esas orillas marinas presentaba el marco ideal para obtener una imagen de la divinidad mediante el uso de la Sobre-exposición Negativa, técnica desarrollada en los cincuenta para el registro fotográfico de condiciones atmosféricas raras. Salidas y puestas de sol de espectacular coloración y celajes de insólita textura, habían hecho de Santa Marta un lugar frecuentado por los turistas. Es la luz ideal para fotografiar al Creador, comentó el Paparazzi de Dios, que era así como lo llamaba –en tono de broma- García Márquez. Investigador acucioso y lector incansable de cuanto material impreso cayera en sus manos, a Marulanda no le era desconocida la relación que existe entre los fenómenos lumínicos y la experiencia religiosa.  De alguna manera, sin embargo, parecía haber mal interpretado “luz” como la que emiten el sol, las estrellas y los bulbos incandescentes. Era autodidacta; no hubiera sido adecuado juzgarlo por no tener una buena traducción o ser incapaz de ella.

En pocos años, el morador de la cabaña se convirtió en un atractivo turístico de Santa Marta. “El loco de las fotos” lo llamaban los pobladores de la caleta pesquera, al verlo parado por horas con su cámara obsoleta y el trípode que había fabricado con cañas. Sol ardiente o torrentes de lluvia no lo disuadían. Más de una vez tuvo que ser atendido en la posta médica local, la piel de sus hombros y su rostro desfigurada por las violáceas ampollas de las quemaduras causadas por insolación.  Otras veces, luego de horas bajo la lluvia, eran los violentos ataques de asma que lo torturaban con la sensación insoportable de la asfixia. Los silbidos de sus bronquios obturados de flema eran audibles desde el pueblo; el silencio de la madrugada –que era cuando sufría aquellos episodios- hacía las veces de un amplificador. En las noches apenas dormía, ocupado siempre en revisar manuales, tratados, enciclopedias, vademécums y diccionarios. Los libros parecían materializarse de manera mágica en su conventículo; a nadie le constaba que los recibiera a través de visitas o mediante algún tipo de correo. Curiosamente, aquel lector indesmayable desdeñaba la literatura de ficción, por considerar que era una pérdida de tiempo el crear mundos ficticios, cuando la humanidad no conoce más que una fracción mínima del mundo en que vivimos. Inútil fue argumentar que la creación de mundos imaginarios alivia la sordidez del mundo real y ayuda, en cierta manera, a comprenderlo y a amarlo mejor. Marulanda rechazó aquellos argumentos sin querer discutirlos, calificándolos de <martingalas retóricas>. Su actitud le granjeó la antipatía del escritor, quien no olvidaría aquellas palabras[2]. García Márquez concluyó que aquel individuo era un energúmeno y no le interesó saber más de él; aun así, Marulanda se convertiría en fuente de inspiración para el personaje de José Arcadio Buendía.

[1]   Cien Años de Soledad. Editorial Sudamericana, 1970. Página 1.

[2]  Cien Años de Soledad. Editorial Sudamericana, 1967. Pagina 257: “Ante la indignación del Padre Amador Isabel, José Arcadio las calificó de martingalas retóricas”.

Acerca de Ivan Vino

Ivan Vino is a former tropical forest researcher in the Peruvian Amazon turned Researcher in the Bering Sea turned Wine lover blah blah blah and Feliz Navidad!
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