La Textura de la Violencia: los Cuentos de Paloma Valencia

Paloma Valencia Laserna es la culpable de la existencia del libro de cuentos Otras Culpas, del cual comenté un relato en un post anterior. Lo que se quedó en el tintero fue una conversación que nos ocupó una tarde de café miraflorino, en la alocada Lima de comienzos del siglo 21 y algunos comentarios sobre su narrativa.

Durante la presentación Paloma había hablado de como había querido aderezar su narrativa para representar, sin ser repetitiva, el caos político que durante tanto tiempo ha asolado a la nación colombiana. También buscaba una manera suya y que hablara a la vez de lo trágico y brutal, aquello que llena titulares pero también de su reverberar en los hechos cotidianos. La Valencia discurría sobre el tema y su discurso interesante y fluido  tocó una nota alta cuando levantó una mano y frotó sus dedos como quien siente una seda. “La textura de la violencia, eso es lo que trato de retratar en mis relatos“. La textura de la violencia. Nunca yo podría haber combinado tales conceptos, textura y violencia. Tenía que leer esos cuentos.

Antes de entrar al cuento, la conversación del café, que se llama convenientemente Zeta, porque zeta se refiere a final y esa fue la última vez que hablé con Paloma, que al día siguiente retornaba a Colombia.  Como yo, la Valencia ha vivido en un pais anglo parlante y advierte las potencialidades y limitaciones del castellano de una manera que no lo puede hacer quien solo ha nadado en aguas cervantinas. La locura del tráfico limeño, al cual, luego de 6 meses en Lima todavia no me acostumbro, le parecía a ella cosa fácil. “Si vieras como toreo los carros en Colombia te quedas loco”. No quise saber. Aquella noche terminamos yendo a la Feria del Libro 2011, donde Paloma firmó copias de su libro de relatos.

A los cuentos. Sorprende mucho la madurez de los relatos de esta mujer joven cuando refiere con una familiaridad casi íntima la violencia de los guerreros. Uno se pregunta como puede narrar con ese conocimiento que solo se obtiene desde adentro, desde la experiencia de haber vivido algo tan terrible e intenso como es la guerra. En ese sentido trae a la mente The Red Badge of Courage, aquella novelette memorable que Stephen Crane escribió cuando tenia solo 21 o 22 años. Los críticos no podían creer que alguien tan joven, que habia nacido antes de la Guerra Civil americana pudiera tener un entendimiento tan intimo de los affaires bélicos, del lenguaje, de las emociones. Lo mismo pasa con Paloma. Su relato El Pecado, que para mí ha de ser el mejor junto con El Moral, Las Tres Mariposas y El Fantasma de Ivan, eriza los pelos de la nuca por su realismo y su poética brutalidad. El cinismo descarado de los guerreros sazonados en batalla brilla en fraseos geniales. “Ni Dios ni los brazos detienen las balas” piensa Arley, el protagonista, al acribillar a sus víctimas, quienes rezan  y levantan sus brazos en dirección a su fusil ejecutor. Cuando Arley asesina a una mujer a quien se atribuye poderes de bruja esta le pide que le deje primero quitarse la cusma, para no mancharla de sangre. Inevitable pensar en los mecánicos formalismos de las ejecuciones brillantemente retratadas en Cien Años de Soledad. Y como reverberaciones de la expresión acuñada por la escritora, la textura de la violencia, nos encontramos con frases en las que el horror y la poesia encuentran una extraña y hermosa y terrible armonía. Valencia describe la emoción del hombre que acaba de masacrar a sus congéneres a tiros como que lo invade “un bienestar degenerado y salvaje.

Hay de Stephen Crane también en el realismo y el impresionismo del lenguaje. Cuando Arley balea a otro guerrero que ha perdido el control de sus emociones ante tanta sangre   la Valencia nos dice que “de un solo tiro derribó el delirio que salió carmesí. El delirio tiene color, el color es el de la sangre. El impresionismo del lenguaje de la Valencia va mas allá de los colores sino que también los sonidos y los olores y las emociones son parte de su paleta.  En el cuento Las Tres Mariposas, un atenazante recuento de un secuestro de la vida real, el horror de la situacion contrasta con la calidad líquida de las cosas del relato, que empieza con imágenes del hombre cadaver disolviendose en sangre que se disuelve en riachuelo, el costado de su cuerpo se funde con la orilla y la corriente tiene un “sonido fresco.” En el transcurso del cuento la Valencia habla de “el sabor del aire” y el cuento termina como empieza, en una continuidad reminiscente de la continua impermanencia de los cuerpos de agua.

Los cuentos de Paloma, como el nombrado arriba, tienen también la cualidad de detener el tiempo. Un evento puede tomar varias páginas y aunque parece que el tiempo se detiene en realidad el hilo narrativo avanza hacia su final ineludible. Rara virtud que es una de las menos fáciles de perfeccionar. “Hazlos reir, hazlos llorar, hazlos esperar” es el secreto para una buena historia. Hacer esperar, desarrollar un suspenso que al tiempo parece estatico y dinamico es una de las cualidades que mas me ha impresionado -que mas he disfrutado- en estos cuentos.

En otros relatos, como el Fantasma de Ivan, la violencia y el horror son aplazados y aunque el lector imagina o presiente el final, aun así este viene como un golpe en el rostro, una cachetada. Tan violenta como la inesperada cachetada, fisicamente debil, pero emocionalmente ciclónica que la abuela le da a Isabel cuando se entera que esta ha hecho algo tan aparentemente inocuo e intrascendente como botar el trapeador con que la vieja trata de aferrar para siempre el recuerdo del nieto muerto. Esa cachetada me agarró desprevenido y me pareció mas violenta que cualquier balazo de alguno otro de los relatos.

Podría agotar otros párrafos descubriendo los minuciosos recovecos de la trama de esta narrativa, de su violencia texturosa y de formas impensadas. Pero tengo que trabajar, comer y dormir.  Esa tarea -que aseguro será deliciosa- se la dejo al lector.

 

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Albert Camus, el Mito de Sísifo

Aunque no hablo bien el francés, mejor dicho, no lo hablo, aunque lo leo, este fragmento me deslumbró desde que lo leí en la tapa de mi copia de L´hassard et la necessité, de Jacques Monod.

“A cet instant subtil où l’homme se retourne sur sa vie, Sisyphe, revenant vers son rocher, contemple cette suite d’actions sans lien qui devient son destin, créé par lui, uni sous le regard de sa mémoire et bientôt scellé par sa mort. Ainsi, persuadé de l’origine tout humaine de tout ce qui est humain, aveugle qui désire voir et qui sait que la nuit n’a pas de fin, il est toujours en marche. Le rocher roule encore.

Je laisse Sisyphe au bas de la montagne! On retrouve toujours son fardeau. Mais Sisyphe enseigne la fidélité supérieure qui nie les dieux et soulève les rochers. Lui aussi juge que tout est bien. Cet univers désormais sans maître ne lui paraît ni stérile ni futile. Chacun des grains de cette pierre, chaque éclat minéral de cette montagne pleine de nuit, à lui seul forme un monde. La lutte elle-même vers les sommets suffit à remplit un cœur d’homme. Il faut imaginer Sisyphe heureux.

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De Amores y Anémonas, Poema 17

De Amores y Anémonas es un libro de poemas marinos que escribí entre los años 2003 y 2004 cuando trabajaba como biólogo marino en Alaska, British Columbia y las costas de Washington y Oregon. Empecé a escribirlos en un viaje a las Islas Pribiloff en el  Mar de Bering. Nunca me animé a publicarlos porque lo mio no es la poesía y no creo que sean muy buenos, pero en fin, a veces hay que sacar los trapitos al sol. Ahi va uno, no les puse nombres sino números, a medida que salían. Este es el número 17 y se debe leer como entonando un canto gregoriano, bueno, al menos así me funcionó a mí.

17

Bajo las espumas te buscaba, ciego y azul,

para poner mi cabeza entre tus manos,

para alcanzar la salvación entre las aguas,

en los fondos submarinos donde tu vagabas triste y solo,

creando seres y sueños acuáticos,

y para pasar las horas entregabas la vida,

Tú, que quitas los pecados del mundo.

Allí te hallé, en el arrecife hondo de la pena,

callado y blanco y transparente,

sentado a la diestra del padre

y en la gloria de los foraminíferos.

No te hablé entonces y no me oíste,

y cada noche yo bajaba para espiar

la vejación cotidiana de tu martirio,

y te miraba desde detrás de las burbujas,

esperando el milagro que prometían

el tiempo y la esperanza.

Pasaron las estaciones inmóviles y oceánicas,

no hubo un rayo de luz ni un cataclismo,

y mi alma se fue envenenando

de odio y desprecio

y te abandoné

a los lodos y al hambre

de tiburones y de rayas.

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Marco Aurelio Denegri es Duro de Matar

El tio Marco Aurelio Denegri es todo un personaje pero como a todo buen cazador se le escapa una paloma. En el spot televisivo de su programa La Funcion de la Palabra, pronuncia con un acento que parece más aleman que inglés “JARRD TTU DAI” cuando despotrica de la traducción de die hard, título de la “inmortal” película que puso en órbita a ese desastre cinematográfico que es Bruise Willis (el que tiene entendimiento que entienda). No falta por ahi quien dice que la expresion es alemana “die hard” traducida como “el duro”. Nada que ver.

El tio Denegri se va de boca porque esta es una expresion en inglés que se refiere a cosas que duran mucho, resistentes, irrompibles, que por extension al aplicarse a personas transfieren esas cualidades. En el caso de la peliculina en cuestión, me parece una traduccion correcta al castellano, duro de matar, considerando que los titulos de otras películas han sido traducidos con una masacre total de la intención original, como en el caso de Pulp Fiction, traducido de manera incompetente como “Tiempos Violentos“. Esta sí que da ganas de vomitar.

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De pájaros, tsunamis y nostalgias, la poesía de Indran Amirthanayagam

Conocí a Indran Amirthanayagam en Vancouver, donde él trabajaba como diplomático en el consulado de los Estados Unidos. Yo tenía unos años –demasiados- viviendo allá y había publicado mi primer libro de relatos. Decidí presentarlo en esa ciudad pero no podía encontrar panelistas que supieran castellano y que además estuviesen en la cosa literaria.

Así llegué como de casualidad a Indran. Desde la impresión inicial supe que había tenido la fortuna de conocer a una de esas personas que son tan raras en nuestros días, desprendido, sin sombra de arrogancia, de una intelectualidad simple, luminosa, como –tiempo después comprendí- era también su poesía.

Algo de ella disfruté en Vancouver, aunque los libros que me regaló el amigo en su departamento del centro de la sofisticada y aséptica City of Glass se perdieron todos en mi propio tsunami personal, desastre que tal vez revele -o no- a los pocos lectores de esta bitácora. Vuelvo a encontrarme con sus poemas en Lima, mi ciudad natal –mi única ciudad- casi cinco años después, en la presentación de su poemario Sol Camuflado.

Indran es un hombre cuyo aspecto físico no esconde el alma honda que cobija: en él son intensos la pasión por el juego que tienen los mamíferos marinos, el indesmayable lustigmacher de sonrisa carismática. También se advierte en él una nostalgia, una honda pena humana, una búsqueda, un camino a un reencuentro de lo perdido, al paraíso primigenio de la infancia, del tiempo, de las incógnitas de la vida.

Nuestra conversación alla en Vancouver se centró en la capacidad del ser humano para ejercer la violencia y la crueldad, aparentemente incapaz de morigerar la liberación de su energía destructiva. En aquellos tiempos Indran se agotaba en los temas brutales de la guerra del mundo contra los Tamiles de Sri Lanka, sus paisanos. Años antes él había publicado un libro de poemas “The Splintered Face”, plasmando en él los horrores y las incógnitas que nos dejó el Tsunami del 2004. Pero Indran, siendo como es, puede escribir poesía que pase del horror al humor en un instante en un tramado sin costuras, como si –como verdaderamente es- las emociones mas diversas fueran solo reflejos sucesivos de una misma realidad.

Este libro de Indran, Sol Camuflado, es una compilación de temas escritos aquí y allá, en varios años de trabajo. Recogen su alma honda, sus viajes, su castellano brillante de extranjero que al haber viajado e interactuado con tantas culturas pareciera que ha quebrado el babel de lenguas que separan a las naciones. Es como si el manejara la matriz que subyace a todos los idiomas, esa veta que genera lenguajes distintos pero que está hecha al fin y al cabo del mismo material. Cuando uno lee los poemas d Indran que hablan de animales, de pájaros y de nidos y de hombres que son extensiones de los pájaros y de los nidos, pareciera que también ya habla el idioma de los animales, que los entiende de una manera peculia, única y suya.

El erotismo y el sexo son también tratados de una manera distinta, intensa y procaz, y al mismo tiempo leve y amable. El sexo es al tiempo pornográfico y sagrado, y las imágenes no sugieren un objeto de deseo sino como que el mismo escritor y el objeto de sus atenciones son un solo ente por el cual la energía de eros fluye circular, del amante a la amada –o al perro, pájaro o tsunami- en un infatigable, interminable ida y vuelta.

Sus poemas, por su simpleza, provocan al lector, le dan pie para pensar “yo también puedo escribir poesía” y de seguro que puede. Pero una poesía de tanta simpleza y al mismo tiempo tan honda no es algo fácil de lograr. Algunos de sus poemas más logrados tienen ese raro don de dar la impresión que el poema empieza después de la última línea.

En esta poesía está esa pena de la patria que ya no es, como Indran mismo se presentó en el auditorio del Centro Cultural Garcilaso de la Vega del ministerio de relaciones exteriores. “Yo soy de un país que ya no existe”. El público rió y sonrió él: “ahora mi pais, Ceylán, es solo el nombre de un té”, pero en esa simple frase se resume su poesía, esa nostalgia infinita, ese ir hacia adelante montado sobre la frágil nave que es el arte poética, saludando y despidiendo, sonriendo y llorando, con la mitad de la cara borrada como la de los seres devastados del tsunami, la otra mitad llena de preguntas, de vida, de honda e intensa existencia terrenal. Saludo este libro que Indran nos regala y lo recomiendo sin reservas. Es sinceramente brillante. Hoy, contemplando las olas que lamen las arenas de la playa (una playa hermosa que algun dia tambien nos traerá un tsunami) os dejo con unas líneas de nuestro amigo de Sri Lanka.

Pasarela

Vibrador/Vibrator:

me dejan insatisfecha

estos aparatos,

sus instructivos

bilingües. ¡Quiero

un hombre! No una

mezcla de hormonas

y tendencias. Te quiero

a vos, tu furia,

tu abandono.

Chilca, Noviembre 26, 2011

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Paloma Valencia, El Moral, Otras Culpas

Paloma Valencia Laserna es una escritora colombiana, de Popayán, nombre que suena a leyenda. La vi entrar a la presentación de su libro, Otras Culpas, pulcramente editado por Borrador Editores (ya me hubiera gustado que mi ópera prima En Búsqueda de Batanero hubiera sido tratada con ese meticuloso buen gusto. Y lo merecía). Entró a la sala Blanca Varela, puntual y sin un atisbo de nervios. Algo misterioso hay en esta persona, que alguien podría confundir con una aparente simpleza. Luego de los obligatorios discursos de presentación, que aunque interesantes, dieron poca luz sobre los cuentos mismos. La mejor parte, la lectura por la autora fue mas bien corta. Me llamó mucho la atencion un fragmento de un relato titulado El Moral. Me llamó muchísimo la atencion, tanto así que tal vez quise -debí- participar en la ronda de preguntas, pero al no haber leído el texto completo, no sabía bien como articular una pregunta coherente, tal vez debí hacer un gambito y lanzar un comentario. Algo en mí quedó inquieto, tratando de asir un significado, una huella, luego de aquel perturbador fragmento. Debo decir que Paloma es una mujer hermosa, de clásica belleza latinoamericana. Pero luego de leer aquellas líneas ambiguas y llenas de corrientes subterráneas pasó de ser la Eva del Génesis a una síntesis suave y enigmática y precisa de Eva y la serpiente. Tenía que descifrar -intentar descifrar- el misterio.

Esa alegoría bíblica fue la primera imagen que me sugirió el fragmento. El árbol del conocimiento, la incitacion al pecado -o su descubrimiento- y la posibilidad rara de un encuentro notable. Sin desdeñar los esfuerzos de los narradores, pocas veces siento tanto interés en un trabajo presentado como para comprarlo. Adquirí mi copia, que Paloma Valencia firmó con una dedicatoria breve y brava. Encontrarnos en estas páginas. Había como un desafio y una promesa y por qué no decirlo, algo de los encuentros perroazulescos de GGM, con la obvia sustitución de páginas impresas por paisajes oníricos como punto de encuentro.

El nombre del relato es totalmente ambiguo, pues como vera el lector, aunque la narrativa hace referencias directas -directisimas- al árbol de la mora, a ese fruto, no se puede no pensar en retro cuando uno ya ha terminado de leerlo, que moral, al fin y al cabo está definida en los diccionarios de esta manera

moral1.

(Del lat. morālis)

1. adj. Perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia.

2. f. Ciencia que trata del bien en general, y de las acciones humanas en orden a su bondad o malicia.´

Eso debió ser una señal inmediata. El relato se puede leer como una inocente fabula de una jovencita y un arbol y un hombre mayor y una perra. Detrás de las apariencias, sin embargo, o debajo de ellas, corre un chorro torrentoso de simbolismo sexual primigenio, que retrotrae al lector al mundo de lirios sangrantes y salamandras doradas y vahos tibios de la tribu macondiana cruzando la Ciénaga Grande en su loca búsqueda de una ruta al mar. La conexión con el Jardín del Edén macondiano es inequívoca y correctísima. El inocente relato nos sumerge en un mundo primitivo en el que el cuerpo, la materia y su explosión vital reinan con vigor absoluto, sin obstáculos ni rodeos. El simbolismo suculento y jugoso de moras descritas con minucioso placer, la explosion sensorial con que se describen sus frutos y su dulzor y su sangrado manchador de faldas y pieles -léase el inicio explosivo de los ciclos menstruales- lleva a un inequívoco erotismo ingenuo, un coming of age, un paso de la pubertad a la full force de la femineidad sin ambajes que se le revela a la mujer como un torbellino y que la sociedad de inmediato castra -en la forma ominosa del hombre que la reconviene por disfrutar de los frutos del moral– recordando a la sujeta, sin decirlo, que hay que ser señorita y que hay que morigerar esas sensaciones y apetitos y turbulencias.

Todo esta imaginería es vertida en el relato con suave inocencia, con esa ambiguedad que líneas arriba señalaba como parte del carácter de la escritora. La joven del relato descubre esa fruta a veces dulce, otras amarga y qué mas precisa descripción del placer sexual que esta, balanceándose entre el miedo y la curiosidad, los colores y sabores vibrantes y la autoridad masculina, férrea y castradora, reguladora del animal que vive en los jugos y los lóbulos que forman frutos y cuerpos. La muchacha que así describe el descubrimiento de sus sentidos en las ricas imágenes de moras y moral sucumbe parcialmente al hacha mutilante del castrador, pero aún así subsiste, aliviada en su tránsito de heroína por un espíritu que toma la forma de animal. Al final, como en la vida real, el torrente de la vida no puede ser detenido, y si lo es, solo brevemente.

Estoy muy impresionado con este relato y ahora veré de leer los otros nueve o diez, empezando, obviamente, por aquel que se llama El Fantasma de Ivan. Desde ya, recomiendo este libro, esta autora, Paloma Valencia Laserna.

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El Sonido y la Furia: Faulkner se Revuelve en su Tumba

Yo no se de dónde sacan los traductores que usan para literatura. Estoy leyendo Light in August, Luz de Agosto en castellano y es desastrosa la traduccion, no transmite el sentido original del inglés. Y ahora que pensaba esto, anotando mi copia de Luz, recordé ese horrible traduccion de The Sound and the Fury, de William Faulkner. ¿El sonido? ¿Qué diablos es sonido, me puede explicar alguien?

El título de esa novela es una cita de Shakespeare en Macbeth, que va así:

To-morrow, and to-morrow, and to-morrow,
Creeps in this petty pace from day to day
To the last syllable of recorded time,
And all our yesterdays have lighted fools
The way to dusty death. Out, out, brief candle!
Life’s but a walking shadow, a poor player
That struts and frets his hour upon the stage
And then is heard no more: it is a tale
Told by an idiot, full of sound and fury,
Signifying nothing.

La cita habla de la vida tomando la forma de un actor que se mueve por el escenario con gran alarde y frenesí durante sus quince minutos de fama y de pronto se termina su momento. Es una historia, contada por un idiota, llena de sound y furia, que no significan nada.

En una primera aproximación podría traducirse como ruido, refiriéndose al ruido del teatro, de golpes de espadas y caballos. Pero a menos que se haya leído la obra y se conozca el contexto -que no siempre es el caso- no se entiende de la traducción “El sonido y la furia” por lo que una mejor traducciónes El Fragor y la Furia. Sound se refiere específicamente a una bulla sin sentido, mucho ruido y pocas nueces, algo en esa línea. Sonido, aunque un sinónimo en el sentido estricto de la palabra, no tiene esa connotación, sino que se asocia a vibraciones mas constantes, menos escandalosas.

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