Paloma Valencia, El Moral, Otras Culpas

Paloma Valencia Laserna es una escritora colombiana, de Popayán, nombre que suena a leyenda. La vi entrar a la presentación de su libro, Otras Culpas, pulcramente editado por Borrador Editores (ya me hubiera gustado que mi ópera prima En Búsqueda de Batanero hubiera sido tratada con ese meticuloso buen gusto. Y lo merecía). Entró a la sala Blanca Varela, puntual y sin un atisbo de nervios. Algo misterioso hay en esta persona, que alguien podría confundir con una aparente simpleza. Luego de los obligatorios discursos de presentación, que aunque interesantes, dieron poca luz sobre los cuentos mismos. La mejor parte, la lectura por la autora fue mas bien corta. Me llamó mucho la atencion un fragmento de un relato titulado El Moral. Me llamó muchísimo la atencion, tanto así que tal vez quise -debí- participar en la ronda de preguntas, pero al no haber leído el texto completo, no sabía bien como articular una pregunta coherente, tal vez debí hacer un gambito y lanzar un comentario. Algo en mí quedó inquieto, tratando de asir un significado, una huella, luego de aquel perturbador fragmento. Debo decir que Paloma es una mujer hermosa, de clásica belleza latinoamericana. Pero luego de leer aquellas líneas ambiguas y llenas de corrientes subterráneas pasó de ser la Eva del Génesis a una síntesis suave y enigmática y precisa de Eva y la serpiente. Tenía que descifrar -intentar descifrar- el misterio.

Esa alegoría bíblica fue la primera imagen que me sugirió el fragmento. El árbol del conocimiento, la incitacion al pecado -o su descubrimiento- y la posibilidad rara de un encuentro notable. Sin desdeñar los esfuerzos de los narradores, pocas veces siento tanto interés en un trabajo presentado como para comprarlo. Adquirí mi copia, que Paloma Valencia firmó con una dedicatoria breve y brava. Encontrarnos en estas páginas. Había como un desafio y una promesa y por qué no decirlo, algo de los encuentros perroazulescos de GGM, con la obvia sustitución de páginas impresas por paisajes oníricos como punto de encuentro.

El nombre del relato es totalmente ambiguo, pues como vera el lector, aunque la narrativa hace referencias directas -directisimas- al árbol de la mora, a ese fruto, no se puede no pensar en retro cuando uno ya ha terminado de leerlo, que moral, al fin y al cabo está definida en los diccionarios de esta manera

moral1.

(Del lat. morālis)

1. adj. Perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia.

2. f. Ciencia que trata del bien en general, y de las acciones humanas en orden a su bondad o malicia.´

Eso debió ser una señal inmediata. El relato se puede leer como una inocente fabula de una jovencita y un arbol y un hombre mayor y una perra. Detrás de las apariencias, sin embargo, o debajo de ellas, corre un chorro torrentoso de simbolismo sexual primigenio, que retrotrae al lector al mundo de lirios sangrantes y salamandras doradas y vahos tibios de la tribu macondiana cruzando la Ciénaga Grande en su loca búsqueda de una ruta al mar. La conexión con el Jardín del Edén macondiano es inequívoca y correctísima. El inocente relato nos sumerge en un mundo primitivo en el que el cuerpo, la materia y su explosión vital reinan con vigor absoluto, sin obstáculos ni rodeos. El simbolismo suculento y jugoso de moras descritas con minucioso placer, la explosion sensorial con que se describen sus frutos y su dulzor y su sangrado manchador de faldas y pieles -léase el inicio explosivo de los ciclos menstruales- lleva a un inequívoco erotismo ingenuo, un coming of age, un paso de la pubertad a la full force de la femineidad sin ambajes que se le revela a la mujer como un torbellino y que la sociedad de inmediato castra -en la forma ominosa del hombre que la reconviene por disfrutar de los frutos del moral– recordando a la sujeta, sin decirlo, que hay que ser señorita y que hay que morigerar esas sensaciones y apetitos y turbulencias.

Todo esta imaginería es vertida en el relato con suave inocencia, con esa ambiguedad que líneas arriba señalaba como parte del carácter de la escritora. La joven del relato descubre esa fruta a veces dulce, otras amarga y qué mas precisa descripción del placer sexual que esta, balanceándose entre el miedo y la curiosidad, los colores y sabores vibrantes y la autoridad masculina, férrea y castradora, reguladora del animal que vive en los jugos y los lóbulos que forman frutos y cuerpos. La muchacha que así describe el descubrimiento de sus sentidos en las ricas imágenes de moras y moral sucumbe parcialmente al hacha mutilante del castrador, pero aún así subsiste, aliviada en su tránsito de heroína por un espíritu que toma la forma de animal. Al final, como en la vida real, el torrente de la vida no puede ser detenido, y si lo es, solo brevemente.

Estoy muy impresionado con este relato y ahora veré de leer los otros nueve o diez, empezando, obviamente, por aquel que se llama El Fantasma de Ivan. Desde ya, recomiendo este libro, esta autora, Paloma Valencia Laserna.

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Acerca de winecouver

Winecouver is Ivan Loyola, former tropical forest researcher in the Peruvian Amazon turned Marine Biologist in the Bering Sea turned Wine lover blah blah blah and Feliz Navidad!
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2 respuestas a Paloma Valencia, El Moral, Otras Culpas

  1. stella grijalba gómez dijo:

    Paloma Valencia Laserna, exala por sus poros el aroma sutil de su advertida grandeza como escritora allende a las fronteras de la patria. Con motivo del Centenario Alvaro Pío Valencia, pensador y humanista, su tío abuelo, en su disertación, Paloma dejó en el auditorio el sabor esquisito de su talento y sus profundos conocimientos en el manejo castizo de la palabra.

  2. winecouver dijo:

    En una segunda, tercera lectura pareciera que la joven del moral va al encuentro de su destino con una volicion de la cual no es consciente a nivel racional.

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